Si bien la alimentación sin trigo, avena, cebada ni centeno (TACC) es el primer paso al diagnosticarse celiaquía, puede ser necesario abordar el cuadro también con otras herramientas para lograr una mejoría,, ya que los síntomas no ser revierten con la dieta libre de gluten.

Las mejoras son muchas veces instantáneas e inmediatas: a los pocos días de iniciada la dieta se logran enormes beneficios y, de sostener esta conducta en el tiempo, la salud mejora día a día.

Pero, ¿qué sucede con quienes, llevando una dieta estricta con los requerimientos adecuados y las visitas al médico para los controles requeridos, persisten con sintomatología tanto gastrointestinal y/o sistémica (de todo el organismo) como por ejemplo constipación, colon irritable, distensión, sangrado de encías, fatiga, déficit de atención, depresión, caída del cabello o alergias cutáneas y respiratorias?

Porque los síntomas no se revierten con la dieta libre de gluten

Al revisar la literatura se puede comprender que la dieta libre de gluten es un comienzo necesario para el abordaje del paciente, pero no hay que dejar de considerar que el organismo es complejo, que interactúa con diversos microorganismos, que el intestino fue agredido por años antes del diagnóstico, que los alimentos considerados aptos siguen siendo refinados (lo cual puede generar dificultades en el proceso digestivo), que el sistema inmune habita y se regula en el intestino delgado (principalmente íleon), que la inflamación crónica genera oxidación con déficit de micronutrientes y que en el intestino se origina la mayor parte de los síntomas extraintestinales de la enfermedad.

Los micronutrientes, vitaminas y minerales, se consumen en cantidades relativamente menores, pero resultan imprescindibles para las funciones orgánicas.

El gluten inicia su tránsito por el individuo desde la primera comida en la infancia, con las primeras papillas, y luego se transforma en un alimento de cabecera, ya que es consumido con frecuencia y en cantidad a lo largo de la vida, ingresando al intestino, donde genera un estado de inflamación crónica que altera la unión entre células desencadenando varios procesos.

¿Qué es la disbiosis?

Es unos de los procesos que se genera, en algunos casos, cuando se comienza la dieta libre de gluten.

Se trata de un proceso que produce un importante desequilibrio en la flora intestinal y conlleva una transformación de la flora bacteriana intestinal benéfica en otra que es dañina y que contribuye al déficit de nutrientes, ya que consume una buena parte de lo que el organismo debería recibir, causando el debilitamiento de la barrera intestinal a nivel celular. Aquí está involucrado otro proceso denominado “de sulfatación”, que las células requieren para unirse. Sin esta capacidad de unión estrecha, se abren espacios entre ellas y se genera una absorción alterada de nutrientes, también acompañada de malabsorción.

Asimismo, el sistema inmune –que permanece por debajo de esta barrera intestinal- percibe estos cambios y genera una respuesta inflamatoria que comunica al resto del organismo (hígado, vasos sanguíneos -arterias y venas-, cerebro, riñones, ganglios linfáticos, entre otros) mediante hormonas llamadas citoquinas.

Teniendo en cuenta que el intestino pesa un el 11 por ciento del peso corporal total y que el 70 por ciento del sistema inmune reside en él, hay que darle a este foco inflamatorio la importancia que tiene y reconocer la cantidad de inflamación que puede generar.

Así, en respuesta a las hormonas de la inflamación generadas en el intestino por el sistema inmune, los órganos responden de diversa manera: el hígado incrementa la producción de proteínas y lipoproteínas, como el colesterol.

El cerebro activa mecanismos de inflamación que le son intrínsecos y propios generando una sustancia llamada glutamato en cantidad mayor a lo habitual –lo cual propicia síntomas de depresión, ansiedad, fatiga, déficit de atención, además de que debilita sus barreras de protección para permitir el ingreso de células del sistema inmune que están circulando para controlar estos procesos inflamatorios crónicos-

Los vasos sanguíneos se ven afectados especialmente en su homeostasis del calcio, el óxido nítrico, la acidificación y la oxidación lo que predispone a diversas alteraciones en la capacidad de regular procesos de contracción y distensión arterial propiciando los cuadros de hipertensión arterial y aterogénesis que incrementan el riesgo cardiovascular (infartos cardíacos, cerebrales y trombosis).

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