Es la historia de Carina Maldonado, bombera del Cuartel Central de Benavídez. Durante ocho meses tuvo que estar retirada de las emergencias porque se descompensaba permanentemente. Algunos médicos le decían que solo sufría ataques al hígado. Hoy come sin gluten junto a sus compañeros.

Celico visitó el Cuartel Central 144 de Benavídez, en el partido de Tigre, para conocer a fondo la historia de Carina Maldonado (42), bombera voluntaria de ese cuartel y madre de tres varones (Lautaro, Facundo y Francisco).

Además de ser bombera experta en rescate acuático, Carina es cheff y se dedica a la cocina sin gluten. Vende pedidos por encargo y con eso también lleva un sustento económico a su casa. Pronto abrirá su emprendimiento gastronómico con el nombre de su ahijada “Catalina, Todo para Celíacos”.

En medio del salón de reuniones del Cuartel dialogamos mano a mano con ella:

 

Los primeros síntomas

“Empecé con mucho dolor de cabeza, descompensaciones. Sobre todo, los lunes porque sentía las consecuencias de comer pastas y asado durante el fin de semana. Después durante la semana los síntomas se disimulaban porque comía frutas y verduras.

“En referencia a estos malestares los médicos me decían que eran ataques de hígado y me daban una Buscapina. Me sacaron las carnes y los pimientos, pero yo me seguía sintiendo mal.

“Fueron casi 8 meses de dolencias en el cuerpo, además sufría diarrea y vómitos, no tenía ganas de comer y en consecuencia llegué a perder 16 kilos”.

 

El día de la detección

“Fue hace dos años. Tuve una descompensación muy grande, me llevaron al hospital de Pacheco y ahí un médico clínico me sacó sangre y me hizo el estudio para celíacos. Ese mismo día me lo detectaron, ese médico para mí fue clave”.

“Ese doctor me recomendó un médico gastroenterólogo y comencé con el tratamiento. Enseguida me dijeron que me quedara tranquila, que era una enfermedad que implicaba una dieta pero no la ingesta de medicación”.

 

Episodios de contaminación cruzada

 

“Sufrí mucho eso, una vez me pasó que en medio de un descuido en un cumpleaños, alguien puso migas de pan en mi comida y me descompensé”.

“Si yo me siento mal no salgo a un operativo, porque puedo afectar al resto. Tienen que salir los que mejor estén. Durante esos ocho meses de dolencia me retire de las emergencias”.

“Al principio me costaba acostumbrarme y tuve episodios de contaminación con el mate. Un día no me di cuenta comí una miga de una torta frita y me empecé a brotar, ahí enseguida tomé mucho líquido y me depuré”

 

El día a día en el Cuartel

 

“Cuando yo cocino me traigo mis utensillos especiales, lavo todo para que no haya contaminación cruzada. Varias veces hice fideos con tuco sin gluten y ellos (por sus compañeros) lo comen. Compartimos comida sustanciosa como guiso de lentejas y mondongo sin gluten”.

“Y si no hay comida sin tacc, el jefe del cuartel (Comandante Mayor, Alfredo González) se encarga de comprar los alimentos sin gluten y así puedo compartir el almuerzo con mis compañeros”.

“Ellos en solidaridad muchas veces no comen cosas con harinas. Comen conmigo la pasta frola o la torta de manzana sin gluten. También me traen un Chocoarroz”.

 

El cuidado en casa y los padecimientos de comer afuera

 

Carina tiene tres hijos varones, pero convive sólo con uno. “Él come todo sin TACC, no tiene problemas. Si quiere comer un sándwich lo come en otro lado”.

“El hecho de comer fuera de casa lo padezco bastante, sobre todo porque a los empleados, que muchas veces tienen buena voluntad, no los capacitan. En los autoservicios, por ejemplo, me pasó varias veces que confunden la leche descremada con la leche sin tacc”.

“Si voy a la casa de alguien, trato de llevarme vianda. Pero varias veces dejé de salir porque desconfío de los lugares. Por ejemplo, en un local de comida rápida, en una oportunidad, casi más me descongelan un pan, en el mismo horno que utilizan para calentar las medialunas”.

 

La depresión y el coraje de salir adelante

 

“El proceso del enojo y la depresión la pasé. Cuesta salir de eso, cada uno reacciona como puede. A mí me sirvió la ayuda de mis compañeros, me acompañan”.

“Apenas me lo detectaron, me asusté porque no sabía que hacer en mi casa, con mis amigos y con mis familiares, porque ellos no sabían cómo manejarlo. Te condiciona socialmente”.

“Pensé en dejar de venir al cuartel porque creía que mi profesión no era compatible con mi enfermedad. Pero me senté con mis compañeros y lo solucioné, lo entendieron. Además nosotros llevamos muy adentro la empatía con el otro. Preocuparnos por el prójimo es parte de nuestra personalidad”.

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