Muchas personas no desayunan porque a la mañana siempre están apurados. Apenas se “arreglan” con un té o un café pero es importante tomar el hábito de ingerir alimentos en la primera comida del día.

Omitir del desayuno dista mucho de las recomendaciones para lograr una dieta equilibrada. Además, es común, que durante el almuerzo -realizado en el Trabajo-  también se realice “a las corridas”. Esto tampoco cubre las necesidades nutricionales.

Estos malos hábitos hacen que no contemos con la energía necesaria para realizar nuestras tareas de todos los días.  El consumo regular del desayuno con una adecuada ingesta de nutrientes mejora el rendimiento físico e intelectual y las habilidades sociales. Sentimos que “tenemos más energía”.

En ese sentido, además, influye positivamente en la prevención del sobrepeso y la obesidad.

Un plan de alimentación equilibrado implica distribuir los alimentos en cuatro o cinco comidas diarias: 25 por ciento de las calorías en el desayuno, 30 por ciento en el almuerzo, 15-20 por ciento en la merienda y 25-30 por ciento en la cena. Esto contribuye a evitar el “picoteo” entre horas, un factor muy importante a la hora de controlar el peso.

 

Un buen desayuno debe incluir una variedad de alimentos tales como: lácteos (leche, yogur, quesos), frutas frescas o secas y pan o copos de cereales.

Los dulces y productos de repostería deben estar limitados a algunas veces por semana, en cantidades moderadas. Por supuesto: todos los alimentos sin TACC.

 

¿Que nos aporta un buen desayuno?:

  • Mejora el rendimiento físico e intelectual:
  • Ayuda a regular el apetito previniendo el aumento de peso.
  • Mejora el humor.
  • Es un buen momento para compartir en familia y transmitir hábitos saludables a los menores.
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