El doctor Christian Boggio Marzet coordinó un taller de dibujo para que algunos pequeños celíacos representarán, sobre una hoja, situaciones cotidianas relacionadas con su tratamiento. Así es la relación de los chicos y la celiaquía.

Una decena de niños celíacos que tienen entre 4 y 9 años participaron con una concentración admirable en el taller de dibujo que se realizó en el marco del 3º Simposio Interdisciplinario de la Enfermedad Celíaca, en el Hospital General de Agudos “Dr. Ignacio Pirovano”.

Como disparador, el doctor Christian Boggio Marzet, pediatra gastroenterólogo de los participantes, introdujo una pequeña historia en la que comparó las raíces de un árbol con las vellosidades del intestino delgado de los chicos.

“Así como el árbol necesita raíces largas para absorber los nutrientes de la tierra y crecer fuerte, los chicos tienen, en su intestino, unos pelitos que se llaman vellosidades que, cuando están largos y sanos, les permiten absorber los alimentos y crecer; y, en cambio, cuando los tienen deteriorados, que es lo que ocurre con la enfermedad celíaca, el chico no crece.”

Entonces, a partir de esta consigna, cada chico ilustró libremente lo que la situación le sugería. Y, según el doctor, “los dibujos fueron más que elocuentes”. Además, casi todos ellos estuvieron acompañados por las explicaciones verbales de sus creadores.

El coordinador del proyecto analizó, luego, cada una de las obras realizadas. Los chicos y la celiaquía, compartimos algunas percepciones:

Aylín, de 9 años, dibujó al doctor que le hizo su biopsia y, luego, ilustró lo que veía el patólogo que analizó la muestra al microscopio (con el detalle en primer plano de las vellosidades de su intestino).

Milena, de 10 años, según narró Boggio Marzet, había llegado al consultorio con un cuadro de desnutrición, anemia ferropénica y pérdida del cabello. Pero luego, la dieta libre de gluten había logrado revertir ese cuadro. Entonces, ella se dibujó en dos viñetas: triste y sin pelo, primero, y con largos cabellos, feliz y sacando la lengua, después.

Alejandro, de 5 años, dibujó el árbol, con sus raíces, y se dibujó a él al lado, más chiquito, con su diarrea.

Josefina tiene 8 años, lleva 5 años de tratamiento sin gluten, y se retrató, con una gran  variedad de colores, con su pelo atado con un moñito. Según interpretó el doctor, “expresó así estar alegre y contenida, como lo está, por su familia”. Josefina se dibujó con su gran  compañero, su gato, y también con el detalle de su intestino y sus vellosidades.

Julián se dibujó en el baño, padeciendo su diarrea, a través de la excelente metáfora de un furioso fuego en el fondo del inodoro.

Sandra forma parte de una familia que se apellida Trigo y, aunque parezca una broma del destino, son todos celíacos. Ella eligió dibujarse en compañía de toda su familia pero, al hermano, que no cumple con la dieta, lo ilustró sentado sobre un inodoro.

En definitiva, el taller fue un éxito, ya que logró con creces que los participantes manifestaron sus sentimientos acerca de la enfermedad celíaca y que todos conociéramos la relación de los chicos y la celiaquía

La mayoría de los niños realizaron más de un dibujo y todos ellos se mostraron sumamente comprometidos y entusiasmados con la propuesta. Las mamás tomaron algunas fotos para calmar la espera y luego, junto con el doctor, observaron las obras concluidas.

Todos los niños que participaron de este taller son celíacos. Para el año que viene, se buscará estimular también a chicos no celíacos. “De ese modo -se ilusiona Boggio Marzet- podremos ver cómo imaginan ellos a esta problemática”.

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