A Micaela le gustaba salir los fines de semana a bailar, cenar y compartir momentos inolvidables junto a sus amigos y compañeros de facultad, a una edad destinada a aprovechar cada segundo, de manera diferente, como lo hacen miles de estudiantes de entre 17 y 25 años. Solo el diagnostico de la enfermedad celíaca (EC) fue necesario para que esas situaciones de las que disfrutaba se convirtieran en tediosas y difíciles de manejar y que, incluso, en muchos casos, provocaran trastornos psicológicos.
La intolerancia a un conjunto de proteínas contenidas en el gluten, es decir, la EC, se manifi esta y es aceptada de diversas formas en los pacientes que la padecen.
La adolescencia es una etapa difícil tanto para los que las transitan como para quienes rodean su entorno. Ir a un restaurante, a un pub o a bailar se convierte en una odisea para las personas celíacas.
La sociedad no está concientizada ni preparada para integrar a estas personas. Pero, apenas con pequeñas actitudes servicios, la cantidad de celíacos que existe en la Argentina y en el mundo viviría mejores condiciones de vida.
Un adolescente cuando concurre
a un pub o a un boliche se encuentra
limitado con las bebidas alcohólicas.
En la mayoría de estos lugares, la
entrada se puede canjear por una
cerveza, que no es apta para celíacos
por contener cebada.
La mayoría de los tragos que
ofrecen estos lugares contiene trigo,
avena, cebada o centeno (TACC)
entre sus ingredientes. Pero las únicas
bebidas alcohólicas que pueden
consumir estos pacientes son el vino,
el gancia y el fernet.
Otro caso recurrente que atenta
contra los pacientes celíacos es comer fuera de casa. Las
pizzerías o restaurantes, cafés y demás sitios no tienen un
menú para las personas que deben seguir una dieta. Esto no
afecta solo a los celíacos, sino también a los diabéticos, hipertensos,
personas con colesterol y demás patologías.
A diario vemos promociones como, por ejemplo, una
docena de empanadas y una cerveza o gaseosa por quince
pesos; una milanesa a la napolitana con puré y una vaso de
gaseosa a siete, o un café con leche con dos medialunas acuatro pesos. Todas estas ofertas
están dirigidas a un sector determinado
de la sociedad y el interrogante
es: “Si los celíacos asisten a
estos lugares, ¿qué comen?”.
Los adolescentes, en particular,
suelen concurrir a las pizzerías en
grupo. En un grupo de diez, es
probable que uno de ellos sea
celíaco. Si todos piden pizza o
empanadas con cerveza, la persona
que debe respetar una dieta sin
TACC debe comer una ensalada o
carne y beber una gaseosa. Este
simple hecho, provoca que se
sienta, en muchos casos, discriminado,
diferente e inferior con
respecto a la comida y a las personas que lo rodean.
Por eso, si todos colaboran con pequeños esfuerzos,
ofreciendo menús no solo para los celíacos, sino para todas
las personas que deben respetar una dieta alimentaria, la vida
de muchos de los afectados sería diferente, ya que no tendrían
que excluirse y podrían disfrutar de cada momento.
Lucila Bodega
Celíaca y estudiante de periodismo
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