Por la primera fecha de un nuevo torneo local de fútbol
femenino organizado por la Asociación del Fútbol Argentino
(el primero se jugó en 1991), Boca goleó 9-0 a San Martín de
Burzaco: un partido desparejo, ya que se enfrentaba el último
campeón (y ganador de los últimos ocho torneos) contra un
equipo nuevo en la categoría. Con el 4 en la espalda y el
escudo de Boca en el pecho, jugó y marcó un gol la defensora
Carmen Brusca, una jugadora de selección que demuestra
que la enfermedad celíaca no es un obstáculo para practicar
un deporte de alta competencia, siempre y cuando se realice
una dieta adecuada. Ya conoce la revista Celi&co: “Mi mamá
me la compra en las dietéticas”, había anticipado.
¿Cuándo te diagnosticaron la enfermedad celíaca?
La descubrieron cuando tenía 12 años. Pero entre mis 3 y mis
12 años había estado mal diagnosticada, ya que creían que
tenía fi brosis quística. Yo era muy fl aquita, muy chiquita, y no
crecía. Tenía muchas diarreas, mi organismo no asimilaba la
comida y me dijeron que no iba a superar el metro cincuenta.
Llegué a tomar doce pastillas por día, antes de las comidas, y
hasta me daban suero por la noche.
¿Y cómo lograron revertir ese cuadro?
Cuando yo tenía 12 años, mi médico de cabecera ya no sabía
qué hacer, porque con todo el tratamiento de la fi brosis
quísitca no mejoraba nada. Entonces, me derivó a una nutricionista,
mi hicieron los análisis y lograron determinar que era
celíaca. A partir de ese momento, y luego de comenzar mi
dieta libre de gluten, pegué un gran estirón de 20 centímetros,
así que fue un gran cambio en mí.
¿Había antecedentes de celíacos en tu familia?
Que yo sepa, no. Pero antes no eran tan frecuentes los análisis,así que tal vez haya tenido algún abuelo celíaco que nunca
se enteró.
¿Todo cambió a partir de la dieta libre de gluten?
Sí, con la dieta cambió totalmente mi situación. En mi caso,
por suerte, fue cuestión de dieta, nada más. De todos modos,
me realizo análisis una o dos veces al año, pero sólo para
llevar el control. Y por ahora la vamos llevando muy bien. Lo
malo es que no hay muchos restaurantes para celíacos y que
la comida, en todos lados, cuesta el triple o el cuádruple de lo
que sale una comida común.
¿Te cocinás vos?
Sí, me cocino yo. Me compro la harina en las dietéticas, las
pastas, las galletitas; en fi n, todo lo necesario. Pero tampoco
me vuelvo loca dudando de cada producto que pruebo. Si
dice que no contiene gluten, yo confío.
Vistiendo la celeste y blanca, ganó en Mar de Plata el
Sudamericano 2006, torneo en el que, por primera vez, la
selección argentina derrotó a la brasilera. También participó
de los Juegos Panamericanos 2007, en Río de Janeiro, y del
primer Mundial de fútbol femenino al que se clasifi có la Argentina,
disputado también este año, en China. “En Boca,
salvo la arquera, todas jugamos en la selección. Y allí, los entrenamientos
son más exigentes. Esa es una de las claves de
por qué Boca está aventajando tanto a los rivales”, explica.
¿Cuándo comenzaste tu carrera de futbolista?
Yo empecé a los 17 años, en San Lorenzo. Jugué allí dos
campeonatos, después me fui a Huracán, luego a Racing y
ahora estoy en Boca. Tanto en la selección como en los clubes
en los que jugué, siempre me bancaron con mi alimentación
especial. Nunca tuve problemas,
salvo en los Juegos Panamericanos de
Río de Janeiro: yo había llevado mis
fi deos, como hago siempre, pero no
me los querían cocinar. Por suerte,
más allá de aquel episodio, no volví a
tener difi cultades.
¿Se puede competir en alto rendimiento
siendo celíaca?
Sí. No hay ningún problema: cuando
viajamos, yo me ocupo de llevar mis
galletitas y mis fi deos, y juego y me
entreno tranquila. No tengo ninguna
difi cultad. Claro que si no respetás la
dieta, se complica: estás cansada y
todo te cuesta el doble. Pero siguiendo
la dieta, podés competir tranquilamente.
Además, la médica de Boca
me controla y me ayuda. Igual, al club
no venimos a comer; sólo nos entrenamos.
Por eso, es en la selección
donde me siguen más de cerca.
Fútbol amateur
El fútbol femenino, en la Argentina, es aún una actividad
amateur, es decir, no profesional. Justamente, amateur
es aquel que ama lo que realiza y que sólo lo realiza por amor.
“En Boca nos pagan los viáticos: a mí me alcanza para la nafta
del auto, por ejemplo. Y en la selección nos pagan un poco
más. Pero para vivir o para alquilar tu casa no te alcanza. Y en
mi caso, además, la comida es más cara de lo habitual. Todavía
estamos muy lejos de ser profesionales. Por eso, además
de entrenarme dos veces por semana con Boca y tres con
la selección (en el predio de Ezeiza), estudio y trabajo: a lanoche, estoy estudiando para analista de sistemas y, durante
la mañana, trabajo en la legislatura porteña, en el área de
sistemas. Y sí, vivo a full”.
Los almuerzos, entonces, deben
ser una complicación extra, teniendo
en cuenta que al ser celíaca no podés
probar el gluten, pero al ser deportista,
a la vez, es fundamental que comas
hidratos de carbono.
Sí, comer al mediodía, a las apuradas,
es un lío: a veces puedo comer
carne o verdura. El problema es que,
aunque desayune bien, a las diez de la
mañana ya me agarra hambre de nuevo
y no puedo comprarme un paquete
de galletitas en cualquier quiosco.
Por eso, salgo siempre preparada. Voy
con mi propia comida a todos lados. Y
en el auto, por ejemplo, suelo tener a
mano un paquete de galletitas o uno
de fi deos.
¿Y qué hacés con un paquete de
fi deos crudos en el auto?
(Se ríe.) Puedo caer en un restaurante
de amigos y que me los cocinen. Yo
voy seguido a uno que queda en Capital,
cerca de Pasco y Chile, donde ya me conocen. Entonces,
yo les llevo mis fi deos sin TACC y ellos me los preparan con
gusto. Pero es una excepción.
El gol de Carmen había llegado a través de un cabezazo.
Y ya había ganado en el área rival, varias veces por esa vía,
gracias a su insistencia y a su metro setenta. Gracias a esos
veinte centímetros que logró crecer cuando la diagnosticaron
correctamente, y a la dieta conciente que encaró a partir de
entonces y que le permite vivir sin privarse de nada, más allá
del gluten.
Alejo Rodríguez de Fraga
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