Celiacos

Sabores sin TACC es un emprendimiento que va por los 10 años. La distribuidora cuenta con más de 700 productos aptos, y suma constantemente nuevas opciones en un mercado que crece día a día. Parte de ese crecimiento fue la apertura del local al público en la calle Cortina 2002 (esquina Nogoyá) en el barrio de Villa Real, Ciudad Autónoma de Buenos Aires desde hace cuatro años. También cuenta con un servicio a domicilio a través de su tienda virtual con envíos a toda la Argentina. Su nuevo plan de expansión son las franquicias. Es así como queremos resaltar su presencia en Lomas de Zamora, en Acevedo 302 (esq. Portela). Con toda la buena energía y calidad para recibir a sus clientes.

 

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En esta nota te explicamos todas las clases de vegetarianos. Que come cada uno y los riesgos que implica hacer una dieta vegetariana muy estricta. Es clave la ingesta de cereales y legumbres para complementar la falta de proteínas. La doctora Georgina Alberro nos brinda todos los detalles.

 

Ovolactovegetarianos: consumen tanto huevo como leche y derivados lácteos además de los alimentos de origen vegetal. No consumen ningún tipo de carne.

Lactovegetarianos: consumen leche y derivados lácteos además de los alimentos de origen vegetal. No consumen huevo ni ningún tipo de carne.

Ovovegetarianos: consumen huevo además de los alimentos de origen vegetal. No consumen lácteos ni ningún tipo de carne.

Veganos o vegetarianos estrictos: consumen solo alimentos de origen vegetal. No consumen ningún alimento de origen animal.

Quien opta por una dieta vegetariana, debe conocer las diferencias que existen entre la proteína animal y la vegetal.

Las proteínas son el componente básico de todos nuestros órganos y de nuestro sistema de defensa, y están formadas por unidades llamadas aminoácidos. Las proteínas que se encuentran en los alimentos de origen vegetal son diferentes de las proteínas presentes en los animales. Existen en total veinte aminoácidos.

Los humanos podemos fabricar solo algunos de ellos. Los aminoácidos que no se fabrican en nuestro cuerpo son los llamados esenciales y deben ser suministrados por los alimentos. Los alimentos de origen vegetal carecen de algunos de estos aminoácidos y, por eso, las proteínas de estos alimentos son llamadas proteínas de bajo valor biológico. Por tal motivo deben consumirse en combinaciones adecuadas en el trascurso del día para recibir un aporte balanceado de aminoácidos.

En las dietas vegetarianas debemos recurrir a la complementación proteica. Por ejemplo, cereales + legumbres. Por otro lado, es importante tener en cuenta que las necesidades de zinc en los vegetarianos son más elevadas debido al elevado contenido de fibra en las dietas y la menor presencia de proteína de origen animal y a que la ingesta de vitamina A se encuentra restringida en los vegetarianos puros por la falta de carnes y lácteos (fuente importante de vitamina A).

Doctora Georgina Alberro, médica especialista en Nutrición, celíaca y directora de GABA.

Te recomendamos el libro “Cocina sin gluten para niños”, de la reconocida escritora en esa materia, Dolly Walsh. Es de editorial Grijalbo. Allí podrás encontrar recetas ricas, sanas y divertidas para que ya no sea un dolor de cabeza pensar que vianda le hacemos a los chicos cuando van al colegio o a un cumpleaños.

 

¿Qué incluir en las viandas que se llevan al colegio? ¿Cómo hacer para no repetir todos los días los mismos platos? ¿Qué preparar para las fiestas de cumpleaños?, son las primeras preguntas que nos surgen cuando detectan la celiaquía en nuestros hijos.

Pero la imposibilidad de los niños de ingerir gluten no implica que deban renunciar a una dieta variada, sana, divertida y deliciosa, o a incorporar sabores y colores para formar paladares exquisitos.

Dolly Walsh se propone ayudarnos a ampliar nuestra imaginación a la hora de cocinar. En este libro nos brinda un sinfín de recetas fáciles —desde panes, tartas y pizzetas hasta budines, cupcakes y postres— para que los chicos disfruten del placer de la buena cocina casera. Con la elección de los alimentos correctos y una adecuada elaboración, es posible alcanzar una alimentación saludable y feliz para nuestros niños.

¿Quién es Dolly Waslh?

Es chef profesional gastronómica y pastelera graduada en el Instituto Argentino de Gastronomía. Dicta seminarios especiales de pastelería sin gluten en la Argentina, Chile y República Dominicana. Mantiene intercambios con la escuela gastronómica Ferrandi y otros institutos culinarios europeos. En Grijalbo ya había publicado Pastelería casera sin gluten (2015).

Es la historia de Helen y su hija Serena. Los médicos le aconsejaban que fuera a psiquiatras porque le decían que todos los síntomas que ella sufría era por el stress de convivir con una niña síndrome de down. Ella luchó durante siete años para que le dieran un diagnóstico preciso y lo consiguió.

Serena nació cuando su mamá Helen tenía 36 años y con ella también llegó la noticia de que tenía síndrome de Down. Al año y miedo de dar a luz, Helen, comenzó a presentar síntomas que todos los médicos atribuían al hecho de tener una hija con ese síndrome.

“Me sentía cansada, me sentía mal… y los médicos me mandaban al psicólogo y al psiquiatra pero yo cada vez me sentía peor. En un momento, viendo el panorama, mi hermana me sugirió que fuera a ver a una endocrinóloga por si era algún desajuste hormonal o algo de la tiroides, provocado por el embarazo”.

Tras algunos estudios, le diagnosticaron tiroiditis crónica (o enfermedad de Hashimoto), una patología autoinmune en la cual el sistema inmunitario ataca la glándula tiroides. El estreñimiento y la fatiga, entre otros, fueron atribuidos a esta enfermedad que se medicó y controló. Sin embargo, la salud de Helen no mejoraba.

“A los 40 años empecé a estar anémica, pero los médicos atribuían todo a la situación de vivir con una hija con síndrome de Down y el estrés que eso podía causarme –recuerda Helen–. Yo iba de médico en médico pero estaba cada vez peor. Con la anemia bastante avanzada, fui a una hematóloga, que hizo sus estudios. Me mandaron a una ginecóloga para que me diera pastillas, a un proctólogo que me hizo una colonoscopía y una endoscopía, y me daba todo bien.

“Los médicos pensaban que no comía y le indicaban lentejas e hígado que ella preparaba con regularidad. Además, le aplicaban inyecciones de hierro: “En un momento ya casi no tenían lugar donde pincharme, era un dolor tremendo, me sentaba de costado. Entonces pasé a tomar pastillas que me hicieron mal al estómago y al hígado”, relata Helen.

Mientras tanto, Serena iba creciendo, y por un disgusto grande que tuvo con una señora a la que había contratado para cuidar a su hija y que, entre otras cosas, después se enteró de que la maltrataba, Helen empezó con úlcera y gastritis. “La gastroenteróloga atribuyó los síntomas  al estrés surgido de esa situación pero, para cuidar el sistema digestivo, me dio una dieta. Yo seguía cada vez más anémica, y en un momento, la gastroenteróloga deslizó un ‘No creo que seas celíaca porque te veo bien‘. Además, ella me preguntaba si tenía diarrea, si había tenido abortos y lo único que yo tenía era anemia”, recuerda Helen y recuerda que ella tomó ese comentario que la doctora hizo al pasar e insistió muchísimo para que la mandara a hacerse los estudios correspondientes, porque si ella era celíaca, su hija, que tenía síndrome de Down (asociado a la celiaquía), también podía serlo y era necesario tratarla. “Tuve que insistir muchísimo para que me hicieran una videocolonoscopía. Ahí me diagnosticaron celiaquía, a los 44 años, cuando había empezado con problemas a los 37”.

Serena, por su parte, tenía mucha panza y los médicos le decían a su mamá que era por la hipotonía típica del síndrome de Down. Sin embargo, la intuición de la madre llevó a que, finalmente, a los 8 años de la nena, le hicieran los análisis de sangre, que le dieron positivo en un 99,9 por ciento.

Hoy, Serena tiene 16 años y va a un colegio que tiene comedor: las opciones para celíacos llegan en viandas envasadas; no se preparan allí. También lleva un jugo en polvo apto, ya que el que se sirve en la escuela no lo es. “Cuando va a la casa de una amiga, algunas mamás –-las menos–, le compran algo especial, pero como es caro, por lo general yo la mando con algo: primero hablo con la mamá a ver qué van a comer y trato de mandarle la versión sin gluten”, manifestó Helen y reconoce que hay poca solidaridad por parte de los padres de los nenes.

En ese sentido dijo “por ejemplo, para un fin de año una compañera de Serena llevó una chocotorta, no avisó, y Serena no pudo comer porque no era apta. También, para el cumpleaños de esa nena, la mamá llevó una chocotorta apta, mandamos notas ambas mamás, las nenas lo sabían, pero así y todo la maestra no la dejó comer a Serena.

“Para el cumpleaños de 15, Serena organizó su fiesta y hubo opciones con y sin gluten. Para todos los días, Helen prefiere encargar viandas y tenerlas listas en el freezer, además de guiarse por el listado del ANMAT para otras compras. En cambio, con el papá de Serena cocinan chipá, pan, bizcochuelo y hasta una chocotorta apta rellena con helado”.

 

Gabriela Lima, periodista y autora del libro “Cocina para Celíacos” de Editorial Albatros.

 

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En el hogar uno puede mantener todos los recaudos para comer sin gluten y prevenir la contaminación cruzada pero a la hora de comer afuera la situación es más complicada. Martín Irlicht, un joven celíaco de 26 años, creó este práctico mapa de toda la Argentina con locales sin TACC.

“El cambio de alimentación lleva distintas etapas. Me acostumbré, dentro de todo rápido, pero al momento de ir afuera era cuando más me enojaba”, dijo Martín Irlicht, a quien le detectaron celiaquía a los 15 años. Habló con el diario La Nación.

Según la Ley Nacional 27196, sancionada en 2015 (que amplía la Ley 26588 de 2009, conocida como “ley celíaca”) todos los locales o establecimientos que ofrezcan comida (restaurantes, bares comidas rápidas, quioscos y comedores escolares), “deben ofrecer, al menos, una opción de alimentos o un menú libre de gluten que cumpla con las condiciones de manufactura y con los requerimientos nutricionales por porción que certifique la autoridad de aplicación”.

Pero esto en la práctica no ocurre y en los lugares que sí ofrecen menús sin TACC el personal no tiene la información necesaria para la atención al celíaco. “La cocina es la parte crítica. Falta educación en ese aspecto. Cuando salís a comer tenés que cerrar los ojos y confiar. Al rato te das cuenta de si te entregaste bien o no. Eso es lo más difícil para un celíaco. No hacen falta dos cocinas separadas. Se puede cocinar perfectamente en una, pero tenés que ser responsable, hacerlo a conciencia y saber cómo”, sostiene Alejandra Temporini, chef y docente especializada en celiaquía del Instituto Argentino de Gastronomía (IAG). También en un diálogo que mantuvo con el diario La Nación.

“Yo no usaba ninguna, pero sí contaba con gran información de lugares, entonces se me ocurrió hacerle un Google Maps con todos esos restaurantes. Estuve viviendo en Israel y había un mapa similar con opciones Gluten Free en Tel Aviv que lo usaba todos los días y me parecía superútil”, contó el creador de la guía.

“Me pareció una forma mucho más rápida y efectiva. Entrás al link del mapa y, si ya tenés bajada la app de Maps, te aparece directamente la información cada vez que entrás. Cuando estás en un barrio, abrís el mapa y te fijas qué es lo que hay alrededor que tenga el logo”, agregó.

En el mapa se pueden observar 900 establecimientos de todo el país y se actualiza permanentemente. Apenas se lanzó a la web, tuvo 6 mil visitas en los primeros tres días y en un mes ya la visitaban 120 mil personas

“Confiamos mucho en la gente. Así como nos mandan lugares para agregar al mapa, también nos avisan si alguno cerró, si no tiene más para celíacos o si tuvieron una mala experiencia, ya que no estaba garantizado que fuera apto. En esos casos, lo sacamos. Esa es la idea de que sea colaborativo. Nosotros, de alguna manera, lo administramos y lo completamos con lugares, pero esto lo vamos haciendo entre todos. Eso es lo que más me gusta, que haya solidaridad entre nosotros, que nos ayudemos a que cada día sea un poco más fácil”.

Fuente: diario La Nación